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En España, como también en otros países meridionales, en ocasiones, no se valora al perro como a un amigo; solo es un complemento necesario para la práctica de la caza, o un simple vigilante de la finca o la vivienda y cuando se torna viejo para su utilidad es, a veces, sacrificado sin consideración y hast con extrema crueldad. Un "buen" perro de caza, puede terminar sus días siendo ahorcado, quemado o azotado hasta la muerte. En el mejor de los casos, abandonado z encerrado en alguna perrera municipal en la que, transcurrido un breve tiempo sin ser reclamado, también será sacrificado.

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